Incendios sin razón aparente

A veces se produce un incendio sin que se conozca ningún motivo.

Nadie encendió una cerilla.

Nadie tiró una colilla.

Nadie dejó la estufa encendida.

Y sin embargo prendió el fuego.

Pero todo incendio tiene un motivo.

Ninguno empieza por pura magia.

Algo se calentó tanto que ocasionó un fuego.

El fuego puede empezar de muchas maneras: por unos productos químicos que se tocan, porque el sol calienta demasiado un sitio cerrado.

A veces el fuego lo causan unos pequeños animales llamados bacterias.

Estos fuegos se llaman de ignición espontánea.

He aquí cómo puede comenzar un fuego de ignición espontánea.

Las bacterias pueden vivir en la basura amontonada debajo de una escalera, en las hojas muertas de un bosque o en el heno que se guarda en el pajar.

Si las bacterias comen el heno, sus cuerpos se calientan y calientan a su vez el heno que las rodea.

Cuanto más comen, más se calientan y más se calienta el heno.

Tanto, que de repente empiezan a arder unos trocitos de heno.

A los pocos segundos, todo el pajar es una bola de fuego, un fuego de ignición espontánea.


 

 

 


 

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