Ictericia, Impétigo, Inmunización, Insolación, Intoxicación, Inyecciones

Ictericia

Es la coloración amarilla de la piel y la conjuntiva del ojo que proviene de un exceso de pigmentos biliares en el plasma sanguíneo.
Es un síntoma de enfermedad más que una en­ fermedad propiamente dicha. Si se observan sín­ tomas de ictericia en un niño, se debe avisar al médico, el cual determinará las causas de la mis­ ma y prescribirá un tratamiento adecuado.
Normalmente los pigmentos biliares entran en la sangre como resultado de la destrucción nor­ mal de glóbulos rojos. El hígado transforma los pigmentos biliares, partiendo de un compues­ to complejo, en uno muy simple, a fin de facili­ tarle así el paso desde los conductos biliares a la región intestinal, desde donde será expulsado con los excrementos.

Hay muchas causas que pueden originar ictericia.

  • Una destrucción masiva de los glóbulos rojos (como ocurre en una anemia de desarrollo rápido).
  • La incapacidad por parte del hígado de pro­ ducir pigmentos biliares (como ocurre cuando el hígado está dañado).
  • La falta de madurez del hígado que limita su capacidad para utilizar el pigmento biliar.
  • La obstrucción de los conductos biliares.
  • La infección del hígado (como en la hepatitis).
  • La ictericia en los recién nacidos puede ser completamente normal o bien indicar un tras­ torno grave. En los recién nacidos, especialmente en los prematuros, es muy corriente. Empieza a los dos o tres días y dura hasta el quinto o sép­ timo día después del nacimiento. Puede ocurrir porque el hígado, aún poco maduro, no tiene bas­ tantes enzimas para realizar el proceso de fabri­ cación de pigmentos biliares. En general estos casos no necesitan tratamiento.

La ictericia que aparece a las 24 horas del nacimiento es más grave. Una de las causas más comunes es la incompatibilidad entre el tipo de sangre de la madre y la del hijo. En estos casos, la madre es generalmente Rh negativa y el niño Rh positivo, pero existen otras razones de in­ compatibilidad sanguínea que producen ictericia.
El recién nacido puede necesitar una o más transfusiones de sangre. En esta transfusión, la sangre del niño que tiene un contenido alto de pigmentos biliares es remplazada por sangre con un nivel bajo de tales pigmentos. Los niveles altos de pigmentos biliares en la sangre del niño pueden producirle lesiones en el cerebro e inclu­ so la muerte.
Véase también Anemia; Factor Rh; Grupos sanguíneos; Hepatitis; Herencia

Impétigo

Es una infección cutánea muy contagiosa, que afecta principalmente a los ni­ ños. Es causada por una bacteria que se desa­ rrolla en la piel.
Los síntomas son unas pequeñas ampollas que contienen pus, se abren y se transforman en una espesa costra del color de la miel, que cae al cabo de 4 ó 6 días.
A un niño con impétigo, debe lavársele 4 6 5 veces al día, preferiblemente con un jabón que contenga hexaclorofeno. Para disminuir las posi­ bilidades de infección, debe procurarse que el niño no se rasque. Es imprescindible que tenga una toalla para su uso particular y que no vaya al colegio, hasta que no se solucione la situación.
Si se observan síntomas de impétigo en el niño, se consultará al médico. Los niños con impétigo deberían ser observados atentamente, ya que la bacteria puede pasar a la sangre y causar una septicemia.

El primer síntoma de impétigo son unas pequeñas pústulas que se revientan formando una costra. El color de la costra varía según la piel y una piel de color produce una costra oscura.

Incurvación de la columna ver­tebral

véase Escoliosis

Inmunización

El propósito de la inmu­nización es proteger al niño ante determinadas enfermedades. Los niños se inmunizan por me­ dio de vacunas que contienen sustancias llama­ das antígenos, los cuales se preparan a base de las bacterias, virus o toxinas (sustancia produci­ da por la bacteria o virus) que causan la enfer­ medad.
Las vacunaciones se inician generalmente cuando el lactante tiene 2 ó 3 meses, pero algu­ nos médicos empiezan incluso antes. La primera vacuna combina la inmunización contra la difte­ ria, la tos ferina y el tétanos. Esta primera vacu­ nación combinada se llama vacuna trivalente (3 en 1 ó DPT). La vacuna oral contra la polio­ mielitis se toma separadamente y por lo general al mismo tiempo que la DPT.
Dosis combinadas. La vacuna DPT en do­ sis combinadas inmuniza al niño contra tres enfermedades en los primeros meses de vida. Si las inoculaciones se efectúan con prontitud, el peligro de contraerías es menor. Las dosis com­ binadas ahorran tiempo a los padres y al médico y son más económicas que las dosis individuales de cada enfermedad. Al mismo tiempo el niño tiene que soportar menos pinchazos, molestias y temores. Aunque las reacciones muy intensas no son corrientes, si el niño reacciona con hin­ chazones, rojeces, fiebre, malestar o convulsio­ nes, después de una dosis triple de antígenos, es mejor informar al médico, antes de adminis­ trar la dosis siguiente. Tal vez éste le prescribirá una dosis menor u omitirá la vacuna de la tos ferina.
Inmunización temprana. La inmunización debe empezar a una edad temprana a fin de pro­ teger al niño lo antes posible. La herencia de la madre que ha sido vacunada, no basta para de­ fender al niño de la tos ferina, la poliomielitis, el tétanos y la difteria. La inmunidad contra estas enfermedades no se logra hasta un mes después de la última de las primeras dosis y cada una de ellas necesita espaciarse al menos durante un mes. Aunque se empiece a vacunar muy pronto, pasarán varios meses antes de que el niño sea totalmente inmune.
Quizás la razón más importante para vacunar en los primeros meses de la vida es prevenir la tos ferina, enfermedad muy grave y a veces fatal si el niño es muy pequeño. El sarampión también es una enfermedad peligrosa y es necesario vacu­ nar alrededor de los 11 ó 12 meses.
La vacuna de la viruela suele también inocu­ larse a una edad temprana, ya que así la reacción es mucho más suave. A veces se retrasa la vacu­ nación contra la viruela hasta que cede el calor del verano, porque el sudor y el polvo que se acumulan en la herida pueden causar una infec­ ción secundaria que retardaría la curación de ésta y le dejaría una cicatriz más profunda. En algunos casos, el motivo del retraso en la vacu­ nación es que el niño o sus hermanos tienen eccemas, impétigo y erupciones como la del zu­ maque venenoso u otros tipos. Entonces la vacu­ nación se pospone hasta que desaparece la afec­ ción de la piel, porque de lo contrario, la reacción sería muy intensa.
Dosis de recuerdo o refuerzo. Las dosis de recuerdo consisten en un procedimiento habitual Tara conservar la inmunización contra la difteria, la tos ferina, el tétanos, la viruela y la poliomieli­ tis. Cuando un niño que ya ha sido vacunado se halla expuesto a contraer la enfermedad, se le suele administrar una dosis de recuerdo. Si es mordido por un animal, si pisa un clavo o tiene una herida posiblemente contaminada por la suciedad, será necesario inocularle suero anti­ tetánico.
Vacunaciones especiales. Cuando el niño viaja a un lugar donde puede exponerse a con­ traer enfermedades contra las que no se halla inmunizado o donde el agua y la comida estarán posiblemente contaminadas, es mejor recurrir a la vacunación y a dosis de recuerdo de las vacu­ nas normales contra la difteria, tos ferina, tétanos, poliomielitis y viruela.
En muchos países extranjeros, para conseguir el visado de entrada es preciso adjuntar al pa­ saporte un certificado médico de vacunación, confirmado por el departamento de sanidad na­ cional. A veces también es necesario presentarlo para reingresar al país de origen. Si se habla con el médico mucho antes de realizar el viaje, él se encargará de proporcionarlas vacunas requeridas.
Véase también Alergia; Difteria; Eccema; Enfermedades contagiosas; Gammaglobuli­na; Gripe o influenza; Hepatitis; Impétigo; Inyecciones; Mordeduras y Picaduras; Poliomielitis; Rubéola; Sarampión; Tétanos; Tos ferina; Tuberculosis; Vacuna de la vi­ruela; Virus

Ficha de vacunaciones

Edad De 2 a 3 mesesEnfermedad Difteria, tos ferina y tétanos; poliomielitisFecha de la vacuna
De 3 a 4 mesesDifteria, tos ferina y tétanos; poliomielitis
De 4 a 5 mesesDifteria, tos ferina y tétanos; poliomielitis
De 11 a 12 mesesSarampión
De 12 a 24 mesesViruela
De 12 meses a la pubertadRubéola
De 15 a 18 mesesDifteria, tos ferina y tétanos, revacunación; poliomielitis, revacunación
3 años de edadDifteria, tos ferina y tétanos, revacunación
6 años de edadDifteria y tétanos, revacunación; poliomielitis, revacunación; viruela, revacunación
12 años de edadDifteria y tétanos, revacunación; viruela, revacunación
Cada 5 añosViruela, revacunación
Cada 5 a 6 añosTétanos, revacunación
Cada 10 añosDifteria, revacunación
Inmunizaciones especiales (cuando lo aconseje el médico)Cólera
Fiebre amarilla
Fiebre tifoidea
Gripe
Hepatitis infecciosa
Hidrofobia
Paperas
Peste bubónica
Tifus
Tuberculosis

Inoculaciones

véase Inmunización; Inyecciones

Insolación

Si no es factible poner al niño en una bañera, se le pondrán ropas mojadas en contacto directo con la piel y, a ser posible, trocitos de hielo en la nuca.

Se produce cuando el sistema regulador del calor del organismo deja de funcio­ nar debidamente. La insolación puede ser provo­ cada por calor excesivo o por demasiada expo­ sición al sol.
Una manera de bajar la temperatura del cuer­ po es el sudor. Al no producirse éste, la piel se vuelve sonrosada, caliente y seca y la tempera­ tura corporal se eleva, pudiendo llegar a 43° C.
Este síntoma por sí solo, es capaz de causar daño cerebral; por esto es necesario disminuir inmediatamente la temperatura, y para conse­ guirlo se bañará al niño con agua fría, hasta que la temperatura corporal descienda a 38,5° C. Si esto no es efectivo, se le cubrirá con una sába­ na o ropas mojadas que estén en contacto directo con la piel. Se recurrirá inmediatamente a los servicios de un médico.
Una insolación puede conducir, además, a la pérdida del conocimiento.
Hay que diferenciar entre un agotamiento por el calor y una insolación, en que en el primero continúa el sudor, mientras que en la segunda, no.

Véase también Calor; agotamiento por el

Intoxicación alimentaria

Se pro­duce por la ingestión de comida que se halla con­ taminada por bacterias o algún producto quími­ co. Algunas setas y plantas también la pro­vocan.
Los síntomas de la intoxicación alimentaria son náuseas, vómitos, diarrea, dolores de estó­ mago y, en los lactantes, convulsiones. El médico posiblemente recetará medicamentos y una dieta, pero si el caso es grave, precisará hospitalización. No obstante, muy pocas veces son fatales.
El botulismo es un tipo corriente de intoxica­ión alimentaria producida por las toxinas de una bacteria, que paraliza los músculos de la respiración y produce la muerte por asfixia.
La intoxicación alimentaria se produce por una deficiente preparación o almacenamiento de los productos. Las ensaladillas de patata, car­ ne, los flanes, el pollo y similares, se contaminan fácilmente por bacterias, por lo que conviene tenerlos en el refrigerador hasta el momento de servirlos.
Véase también Venenos y envenenamiento

Intoxicación por aspirina

véase Venenos y envenenamiento

Inyecciones

Ultimamente se ha inventado un aparato para inyectar sin dolor. La presión del aire introduce el líquido (medicamento o vacuna) dentro del cuerpo, a través de los poros de la piel.

Las que más comúnmente se administran se dividen en tres categorías: 1) Preventivas; 2) Curativas, para liberar déla enfermedad; 3) Insensibilizadoras, para reducir las reacciones alérgicas. A los niños se les inocula inyecciones preven­ tivas a una edad muy temprana. Los médicos empiezan con la vacuna trivalente de la difteria- tos ferina-tétanos cuando el niño tiene de 1 a 3 meses de edad, al mismo tiempo que se le da la vacuna oral de la poliomielitis. Más tarde se le inocula contra la viruela, el sarampión y la rosa o rubéola.
Las inyecciones curativas (un ejemplo son los antibióticos) no sólo curan la enfermedad sino que también previenen las complicaciones graves que pueden derivarse de ella. Aunque existan medicamentos bucales, los médicos pueden re­ cetar inyecciones por varios motivos. Primero, para que el principio medicinal llegue con mayor rapidez a la sangre y combata la enfermedad; segundo; porque el niño no puede rechazarlo (aunque tenga muy buen sabor, algunos niños rechazan ciertos medicamentos o los vomitan); y tercero, porque de esta forma, el médico tie­ ne la seguridad de que toma el medicamento prescrito.
Los médicos inoculan líquidos insensibiliza­ dores a muchos niños que son alérgicos a sus­ tancias de las que no pueden ser protegidos constantemente. Al principio en pequeñas dosis, que luego se van aumentando de manera pro­ gresiva.
Como resultado de inyecciones sucesivas, el organismo del niño produce anticuerpos y efec­ túa cambios celulares que disminuyen la reac­ ción alérgica.
Si un niño es alérgico y el médico todavía no lo sabe, se le deberá comunicar en seguida. La penicilina y otros medicamentos pueden causarle reacciones inesperadas, especialmente cuando tiene eccema, fiebre del heno o asma.
La actitud de los padres y la del médico o en­ fermera puede influir en el niño para que deje darse la inyección. Es importante ser sincero cuando el niño pregunte: “¿me dolerá?”. A un niño muy pequeño se le puede contestar que le dolerá un poquito, pero no mucho; todos sus amigos han sido inyectados; y que el médico es su amigo y quiere mantenerle en buen estado de salud. Puede disminuirse el llanto del niño e incluso evitarlo, si el familiar que lo acompaña se inclina para que le vea la cara, mientras el médico le inyecta.
Véase también Alergia; Inmunización

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