Una historia triangular

Un triángulo llamado Isósceles, y Obtuso, su amigo de verdad, discutían la mejor manera de guisar el ganso de Navidad.

“Asémoslo —dijo el Obtuso— en un fuego de buenos sarmientos, sazonado equilateralmente con orégano, laurel y pimientos.”

“¡Qué bobada! —dijo Isósceles—.

Ojalá fueras más agudo.

Si lo hacemos del modo que dices, al tragarlo se nos hará un nudo.”

“Pues cozámoslo —dijo el Obtuso— en agua hirviendo con romero, colocando sobre la cocina hermoso y triangular puchero.”

“Muy gracioso, Obtuso, pero eres un torpe —respondió el Isósceles como un petardo—;

¿es que tú no sabes que para guisar un ganso la única manera es asarlo?”

Mientras discutían los procedimientos exprimiendo al máximo los dos la cabeza, llegó el Escaleno con su pierna corta y agarrando el ganso se llevó la pieza.

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