La educación

Importancia de los juegos

Jugando el niño aprende cosas del ambiente que le rodea. El creía que podía dominarlo todo, pero ahora se da cuenta de que hay cosas que no se mueven (árboles, calzadas, aceras). También aprende que hay cosas prohibidas, tales como hacer daño a los animales o a otros niños, y averigua que caerse o quemarse es doloroso.

Jugar con mamá no es sólo jugar. Es un modo de aprender.

Cuando está con niños de su misma edad, casi siempre trata de dominarlos. Pero a veces, influido por su sexo o carácter actúa como observador pasivo y se dedica a chuparse el dedo, bañado en lágrimas. No precisa compañeros para jugar con pelotas o juegos de construcción. Los niños, hasta los 3 años, raramente juegan juntos.
La necesidad de contacto humano logra que contengan su actitud dominadora, impulsiva y agresiva cuando sus arremetidas son causa de abandono, lágrimas o contraataques por parte de sus amigos. Los padres suelen actuar como árbitros cuando sus hijos se pelean. No es lógico esperar que los niños se comporten como damas y caballeros. A esta edad sólo son capaces de defenderse contra un medio ambiente hostil. En casa el niño puede comportarse como un demonio y en el parvulario como un ángel. Es una buena señal: demuestra que es capaz de controlarse. Pero cuando cumplen 3 años deberían ser capaces de jugar con otro niño o al menos de jugar a su lado.

Los juguetes

Cuando los niños juegan imitan a las personas adultas, mecen muñecos con ternura y simulan que les dan de comer. Siguen a la madre y la “ayudan” a limpiar. Disfrutan metiéndose debajo de mesas y sillas para quitarles el polvo. Probablemente no tardarán en cansarse, pero esta tarea les desarrollará el sentido de la propiedad y además les enseñará a gatear en lugares poco espaciosos.

A esta edad, los niños son muy habladores y hacen continuos progresos en el lenguaje.
Los adultos han de saber escucharlos pacientemente.

Los juguetes educativos para niños muy pequeños están compuestos por piezas. Algunos tienen enormes pestillos con su correspondiente cerradura, ruedas y engranajes. El niño se divertirá y demostrará su habilidad juntando estas piezas. Y solo adquirirá esta habilidad con la práctica.
He aquí algunos otros tipos de juguetes que les gustarán.
Juguetes con asas para tirar o empujar.
Una pelota para que aprenda a arrojarla y recogerla.
Objetos que pueda cargar y descargar de su camión de juguete.
Cajas pequeñas y grandes en las que podrá poner cosas.
Muñecas y animales de felpa.
Un cajón o un montón de arena para cavar.
Un barreño o piscina pequeña con esponjas, barquitos o animalitos que floten, y un jarro de plástico para llenarlo y vaciarlo de agua. Chapoteando y salpicando en este barreño o piscina el niño será feliz.
Una escoba o cualquier otro utensilio de limpieza para “ayudar” a mamá.

El lenguaje
El lenguaje demuestra que somos animales racionales. También es un medio de comunicarse más civilizado que el patear y empujar. Cuando los niños empiezan a hablar lloran menos. Cuando aprenden a decir palabras “feas” sus rabietas disminuyen. Imita de tal manera a los demás que su vocabulario reflejará las habilidades oratorias de los que le rodean. Las frases que usamos para hablar a ios niños deberían ser claras y correctas. No deben dárseles muchas posibilidades para elegir. Al llevarlo a dormir conviene decirle: “¿Quieres rezar ahora o cuando estés en cama?” darle guisantes: “¿Quieres seis guisantes o siete guisantes?”
Cuando un niño empieza a hablar hay que escucharlo atentamente. Una sonrisa o un simple asentimiento pueden animarlo en su lucha con sus palabras. Tartamudear a los 3 años forma parte del desarrollo normal. Demasiado celo en corregir; las palabras del niño puede frustrar sus intentos. Es mejor limitarse a sonreír y a asentir. El tema se trata más extensamente en la Guía Médica.

El lenguaje demuestra que somos animales racionales. También es un medio de comunicarse más civilizado que el patear y empujar. Cuando los niños empiezan a hablar lloran menos. Cuando aprenden a decir palabras “feas” sus rabietas disminuyen. Imita de tal manera a los demás que su vocabulario reflejará las habilidades oratorias de los que le rodean. Las frases que usamos para hablar a ios niños deberían ser claras y correctas. No deben dárseles muchas posibilidades para elegir. Al llevarlo a dormir conviene decirle: “¿Quieres rezar ahora o cuando estés en cama?” darle guisantes: “¿Quieres seis guisantes o siete guisantes?”
Cuando un niño empieza a hablar hay que escucharlo atentamente. Una sonrisa o un simple asentimiento pueden animarlo en su lucha con sus palabras. Tartamudear a los 3 años forma parte del desarrollo normal. Demasiado celo en corregir; las palabras del niño puede frustrar sus intentos. Es mejor limitarse a sonreír y a asentir. El tema se trata más extensamente en la Guía Médica.

Los niños imitan a sus padres. Una niña “ayuda” a su madre en las tareas caseras.
El niño “ayuda” a su padre rastrillando hojas en el jardín.

Relatos y cuentos

Los educadores afirman que los niños procedentes de hogares en los que se concede importancia a la lectura, desarrollan con más eficacia su capacidad intelectual que los procedentes de hogares en los que no se lee. Es más fácil acostumbrar a los niños a la lectura si sus padres los inician con libros apropiados a su mentalidad.
Dedicar cada día media hora a leer cuentos puede resultar una experiencia muy agradable para ambos, padres e hijos. No habrá protestas ni muestras de desagrado. Ambos se enriquecerán con ideas y sentimientos nuevos. El niño a menudo interrumpirá con observaciones y preguntas. Entonces conviene dejar de leer y escucharlo puesto que quizás quiere aprender algo o compartir alguna idea o un sentimiento con la persona que le lee.
A veces pide el mismo cuento cada noche. No es posible saltar una palabra sin que proteste ruidosamente: “¿Y el conejo?” No se sabe por qué motivo un niño necesita que le repitan su relato favorito noche tras noche. Probablemente forma parte del ritual nocturno. No es ningún motivo de preocupación. Con el tiempo este hábito desaparecerá.

Nuevas experiencias

Un sabio filósofo dijo, una vez, que los niños hacen madurar a los padres. Los padres se dan cuenta de la responsabilidad que representa civilizar al pequeño animal que hay dentro de cada niño y prepararlo para volar lejos del nido.
Educan a sus hijos con amor y disciplina. Los hijos a su vez cuando se transformen en padres, imitarán estos métodos. La adolescente más desordenada puede transformarse en una ama de casa perfecta cuando se enfrenta con la responsabilidad de sus propios hijos.
A veces es difícil, pero una madre debería enseñar a su hija que ser esposa y madre es un trabajo importante y satisfactorio. El niño debería aprender de su padre que ganar el pan cotidiano tiene sus recompensas. También necesitan sentir todas las variedades de la gama de sensaciones humanas: amor, temor, indignación, dolor… y aprender a expresarlas debidamente. Por ejemplo, si muere alguien por quien él siente afecto, debemos permitirle que exteriorice la pena por su pérdida.

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