Un genio con mal carácter

Si Charles Babbage hubiese nacido perro en vez de hombre, seguramente hubiera mordido a sus semejantes. Babbage no tenía mucha simpatía por los seres humanos en general, pero, sobre todo, detestaba a los que cometían errores en sus cálculos.

Si tú hubieras vivido en Inglaterra en el siglo xix y hubieras tenido la flaqueza de cometer errores de cálculo, seguramente hubieras deseado que no se enterara Babbage, pues inmediatamente se hubiera lanzado a la caza de tu error. Los contemporáneos de este matemático inglés cometían muchos errores en sus cuentas, y esto hacía enloquecer a Babbage. Un día, se puso a estudiar la manera de hacer una máquina que realizase los cálculos de una manera perfecta. También quiso hacer una «máquina pensante». Pero ello era demasiado complicado y requería gran cantidad de dinero y medios que Babbage no tenía. El gobierno inglés no quiso ayudarle porque el genio no gozaba de grandes simpatías debido a su carácter irascible.

Más tarde, con el dinero y los medios necesarios, otros lograron construir las máquinas que Babbage había proyectado.

En la actualidad hay muchas máquinas que realizan cálculos larguísimos sin cometer ningún error. Se llaman calculadoras. Es una lástima que Babbage no siguiera con vida hasta nuestros días para poder ver la realización de sus sueños.

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