Una ciudad debida a la plata

En México, en lo alto de cierta colina, hay una ciudad que debe su existencia a la plata. Esa ciudad se llama Taxco.

La plata de las ricas minas de Taxco sirvió para pagar los edificios de tejas rojas, las calles adoquinadas y una de las iglesias mexicanas de más brillante colorido: Santa Prisca. Esta iglesia tiene un altar de oro; las torres de Santa Prisca son de color rosado y dominan las calles de casitas blancas con tejados rojizos.

Esas minas eran tan ricas que un español, Cortés, utilizó plata para construir los cañones que le ayudaron a conquistar México.

Pero, al cabo de cierto tiempo, las minas se agotaron, y hoy Taxco no es más que una pequeña y tranquila ciudad. Los artistas van a ella a pintar y los turistas compran objetos de plata o contemplan los fuegos artificiales durante las fiestas.

El Gobierno de México ha declarado la ciudad de Taxco monumento nacional a fin de conservar su antiguo aspecto.

Taxco, México.


 


 

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