La maravillosa máquina de calcular

Imagina que retrocedemos en el tiempo cinco mil años y que eres un rico mercader en la ciudad de Babilonia. Tienes una rizada barba negra y vistes una túnica púrpura con ribete amarillo. Estás sentado en un arenoso patio bajo la sombra de un grupo de palmeras.

Debes resolver un problema. En tu almacén hay cuarenta y cinco cestas de cereal. Acabas de comprarle a un granjero otras cuarenta y tres cestas, y quieres saber cuántas tienes en total.

Con el dedo, dibujas dos surcos en la arena. Junto a los surcos, sitúas un saquito lleno de piedrecitas blancas y redondas. De hecho, estos surcos y estas piedras son una maravillosa máquina de calcular que puedes utilizar para resolver tu problema.

En el surco derecho colocas cinco piedras. Cada una de ellas tiene un valor de 1, y da un total de 5. En el surco de la izquierda colocas cuatro piedras. Cada una de las piedras de este surco tiene un valor de 10, lo que hace un total de 40. Así pues, las piedras de los dos surcos significan que tienes cuatro decenas (40) más cinco unidades (5) o un total de 45, el número de cestas de cereal que hay en tu almacén.

Ahora quieres sumar las cuarenta y tres cestas de cereal que acabas de comprar. Tomando otro puñado de piedras del talego, colocas tres en el surco de las unidades y cuatro en el surco de las decenas. O sea, que tienes cuatro decenas (40), más tres unidades

(3): un total de 43, el número de canastas de cereal que acabas de comprar.

Todo lo que has de hacer ahora es contar el número de piedrecitas que hay en cada surco. En el izquierdo o surco de las decenas, tienes diez piedras, cada una de las cuales vale 10. Ocho decenas es 80. En el derecho, o surco de las unidades, tienes también ocho piedras. Pero cada una de éstas vale 1. Ocho unos es igual a 8. Así pues, tienes 80 + 8, o un total de 88: las cestas que posees.

Si hubiera sido necesario, podías haber dibujado más surcos, para calcular números mayores. Si hubieses dibujado un surco a la izquierda del de las decenas, cada piedrecita colocada en él habría tenido un valor de 100 Y si hubieses dibujado otro surco a la izquierda del de las centenas, cada piedrecita habría tenido un valor de 1.000.

Si lo piensas, verás que hoy escribimos nuestros números del mismo modo en que se colocaban en esa antigua máquina de calcular. Por ejemplo, en el número 5.555, la primera cifra de la derecha representa cinco unidades

(5), la siguiente a la izquierda representa cinco decenas (50), la siguiente, cinco centenas (500), y la última cifra de la izquierda representa cinco millares (5.000). En este tipo de sistemas, el valor de cualquier cifra depende del lugar donde esté colocada.

La máquina de calcular que usaba el antiguo mercader babilonio se denominaba ábaco. Abaco significa “tabla” o “mesa”. Pero este nombre proviene de una antigua palabra que significaba “polvo” o “arena”. Probablemente, el primer ábaco fue una bandeja cubierta de polvo o arena. Las marcas para calcular podrían hacerse con un dedo, y ser borradas con la mano.

Después de algún tiempo, se empezaron a hacer surcos en la arena y a usar piedrecitas como cuentas. Finalmente, se ensartaban piedras o cuentas en un alambre. Así, ya se disponía de una máquina de calcular fácil de usar y portátil.

El ábaco es un instrumento que se halla casi en todas partes. Los babilonios y los egipcios usaron ábacos hace cinco mil años. También los chinos. Y cuando los españoles llegaron a América, descubrieron que los indios mayas usaban ábacos.

Cuando compras algo en una tienda, vas a la caja para pagarlo. ¿Te has preguntado por qué esa mesa se llama caja ? Pues porque hace mucho tiempo, los mercaderes tenían allí su caja de calcular o ábaco. Hoy, en ese lugar está la caja registradora. Pero muchos comerciantes de Asia aún usan el ábaco.

El ábaco sirve para resolver todo tipo de problemas aritméticos. Si lo sabes emplear, tú también podrás resolverlos rápidamente. De hecho, ha habido concursos en los que una persona provista de un ábaco ha solucionado algunos problemas antes que otra sirviéndose de una calculadora electrónica.

Las personas acostumbradas a utilizar el ábaco pueden hacer cuentas con la misma rapidez que quienes utilizan las modernas máquinas de calcular
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