Apendicitis, Apetito, Artritis, Asfixia, Asma, Astigmatismo, Astillas, Ataxia

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Apendicitis

El apéndice es un saco situado en la parte inferior derecha del abdomen. Uno de sus extremos está unido al intestino grueso.

Es la inflamación del apéndice, pequeño y estrecho intestino tubular de la parte inferior derecha del abdomen. Uno de loj extremos del tubo es cerrado y el otro comunica con el intestino ciego. Cuando el apéndice se infecta, inflama y llena de pus, si no es extirpado en las primeras 24 ó 48 horas, puede perforarse, y causar una peritonitis, o sea, la inflamación de la estructura que tapiza el interior de la cavidad abdominal.
La apendicitis se da comúnmente en niños en edad escolar y en adultos jóvenes, pero puede aparecer también en niños pequeños.
La forma aguda (repentina y grave) comienza por lo general con un dolor abdominal vago y generalizado, que en el período de cuatro a ocho horas se localiza en la parte inferior y derecha del abdomen, el cual se toma doloroso al tacto. El niño puede vomitar, tener fiebre y padecer estreñimiento. Los laxantes agravan los peligros de la apendicitis, por lo que nunca se deben administrar para aliviar los dolores abdominales, si no es por consejo del médico.
Los niños se quejan muy a menudo de dolor en el abdomen, pero generalmente es producido por otra causa y no por una apendicitis. Esta observación, cierta, es motivo de que muchos padres esperen demasiado tiempo antes de acudir al médico. Como norma, cuando el dolor abdominal del niño dure más de una hora seguida, se le debe llamar. Una tercera parte de los niños pequeños con apendicitis presentan la rotura del órgano incluso antes de llegar al hospital.
Un niño operado de apendicitis no perforada permanecerá generalmente en el hospital de tres a cinco días y podrá volver a la escuela entre los 7 y los 10 días después de la operación. Cuando se trata de una apendicitis perforada, la permanencia en el hospital es de 10 días y la vuelta a la escuela, una o dos semanas después de volver a casa.
Véase también Anestésicos; Dolor de estómago; Laxantes

Apetito

El que un niño tenga bueno o escaso apetito depende principalmente de las experiencias habidas con los distintos alimentos. Naturalmente el apetito puede afectarse temporalmente por una enfermedad como un resfriado, varicela o una preocupación emocional, pero el apetito normal, el de cada día, está normalmente determinado por las experiencias que haya tenido en su primera edad. Desde que es un recién nacido y a medida que crece, va forjándose imágenes de los alimentos, basados en reacciones emocionales. El niño sufre hambre cuando necesita comer. Cuando lo hace desaparece el dolor o sufrimiento, por lo tanto su primera reacción hacia la comida es de satisfacción. Gradualmente reconoce a la madre como la persona que le proporciona el alimento y si ésta es cariñosa y tierna cuando le da de comer, comienza a asociar amor y alimento, pero si no le proporciona lo que necesita cuando se halla hambriento, si le parece que no se interesa por él o le fuerza a comer, se forjarán sentimientos muy distintos.
¿Cómo puede estimularse un buen apetito ?
■ Dándole al niño comidas sólo cuando se halle hambriento. No forzándole a comer. No utilizando
la comida como un premio (dándole por ejemplo caramelos cuando coma) o como un castigo (negándoselos cuando no quiera comer).
■ Respetando el apetito del niño como un indicador de la cantidad que necesita. Después de cumplir el primer año, y durante varios meses, necesita comer menos. Quizá la madre crea que no come lo suficiente porque ya no crece tan rápidamente como hasta entonces, pero se sorprenderá al descubrir que aumenta de peso.
■ Respetando el desarrollo continuado en el comer del niño. Dejando que coma él solo, a pesar de que se ensucie mucho al principio.
■ No permitiendo que a medida que el niño crece beba leche a expensas de tomar otros alimentos.
■ Preparando la comida lo más atractiva posible. No olvidando el color, olor, textura y forma en el momento de preparar el plato. Los niños son sensibles a todos estos detalles.
■ También les gustan las comidas que pueden tocar y manejar fácilmente, las que pueden comer con los dedos y las que están cortadas a trozos pequeños.
Las comidas nuevas hay que dárselas primero en pequeñas cantidades, y tener paciencia. Es posible que el niño tarde unos días en acostumbrase a algo nuevo.
■ Las horas de la comida deben ser momentos felices, sin disputas ni nerviosismos.
Véase también Nutrición; Vitaminas

Artritis

Es la inflamación de las articulaciones. Estas se hinchan, volviéndose dolo- rosas y la piel que las recubre se pone roja y caliente; además aparece rigidez y se limitan los movimientos. La artritis puede ser el resultado de una lesión o una infección. Muy a menudo no llega a conocerse la causa exacta y si se tiene alguna sospecha de que el niño padece una artritis se debe consultar al médico.
La artritis reumatoidea es la forma más común, sobre todo en los niños de 2 a 6 años. Todavía no se conocen las causas de este tipo de artritis, que puede durar varios años y en el que generalmente se afectan sólo una o dos articulaciones, como la de la rodilla y la del tobillo, aunque pueden perjudicarse varias a la vez. Como resultado de la enfermedad, las articulaciones pueden quedar dislocadas, deformadas o fundidas. El médico le prescribirá medicinas para reducir la inflamación y aliviar el dolor y al mismo tiempo aconsejará algunos movimientos y ejercicios que hagan trabajar las articulaciones afectadas.
La artritis infecciosa, que también afecta a los niños, sigue generalmente a un proceso infeccioso de cualquier otra parte del organismo, a menudo del aparato respiratorio superior. Las bacterias conducen a la formación de pus en las articulaciones y lo más común es que se afecten sólo una o dos grandes articulaciones, como la cadera, el hombro o la rodilla, pudiendo aparecer fiebre y escalofríos. La enfermedad se trata con antibióticos y drenando el pus de la articulación afecta.
La fiebre reumática es una enfermedad grave de la infancia, que produce artritis periódica. Esta forma de artritis no está relacionada con la reumatoidea, que dura varios años y produce alteraciones permanentes. Las articulaciones que más se afectan son las grandes como tobillos, rodillas, caderas, muñecas, codos y hombros, tendiendo a pasar de una articulación a otra, con períodos de días o semanas en los cuales no se halla afectada ninguna. Se trata con medicamentos que alivian el dolor y reducen la inflamación.
También pueden afectar a los niños otras formas de artritis temporal, debidas a golpes y contusiones.
Ocasionalmente, y sin saber la causa, aparece una artritis en la cadera.
Véase también Fiebre reumática; Osteomielitis

Asfixia

Es un estado de inconsciencia que se produce cuando las células del cuerpo no reciben bastante oxígeno y puede causar la muerte rápidamente.
Si un niño está asfixiándose, lo primero que se debe hacer es proporcionarle aire. El método boca a boca, por el que se le insufla el aire directamente a los pulmones, es el más adecuado para un niño (véase Respiración artificial). Este sistema debería usarse mientras se espera la llegada del médico y hasta que el niño respire normalmente.
Si el aire no llega a los pulmones, se producirá la asfixia. Por ejemplo, un niño se ahogará si permanece demasiado tiempo debajo del agua, así como si queda encerrado accidentalmente en un lugar hermético como una nevera, enterrado bajo
un montón de escombros o si introduce la cabeza en una bolsa de plástico. Algunos niños han perecido estrangulados por las correas de sillas especiales para éstos, que han sido mal diseñadas. En los lactantes, con imposibilidad para efectuar un gran número de movimientos, existe el peligro de asfixia si quedan debajo de una manta, almohada o un hule de la cuna. En algunas raras ocasiones han perecido sofocados por la presión ejercida por un adulto con el que el niño dormía.
Cuando no existe suficiente oxígeno en el aire, hay peligro de asfixia. Puede ocurrir también cuando se emplean estufas de carbón, aceite o gas, en lugares pequeños, cerrados o mal ventilados, como un remolque o cabaña pequeña. Estas condiciones provocan un exceso de óxido de carbono, el cual impide el transporte del oxígeno del cuerpo a través de la hemoglobina de la sangre. Todas las estufas de este tipo deberían tener incorporado un sistema adecuado de ventilación. Si el niño se está asfixiando por falta de oxígeno, se le debe hacer respirar aire fresco antes de iniciar la respiración artificial.
Se ha descubierto posteriormente que muchas muertes de niños, que se atribuyeron a la asfixia, fueron causadas por el virus de la neumonía. Se desconoce la causa de la mayoría de muertes repentinas en los niños, pero hay que tener en cuenta que la asfixia es muy poco corriente.
Véase también Accidentes; Muerte repentina; Respiración artificial; Venenos y envenenamientos

Asma

Es un tipo de alergia que afecta a los bronquios, produciendo tos y respiración sibilante y laboriosa. La respiración se halla obstruida por la inflamación de las membranas mucosas de los bronquios, por el espasmo de los músculos de las paredes de los mismos y por la secreción excesiva de un moco espeso y pegajoso. El inicio del asma puede ser súbito o gradual, y los ataques, moderados o de una intensidad tal que requieran hospitalización.
El asma infantil es provocado generalmente por inhalantes (sustancias que flotan en el aire como el polvo de la casa, esporas, polen y caspa de animales como partículas de la piel, pelo o plumas) y también por infecciones respiratorias. Con menos frecuencia, los problemas emocionales o ciertos alimentos suelen provocar o agravar
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un ataque asmático. La contaminación del aire, la presión barométrica y la humedad, junto con los cambios de temperatura y otros factores, pueden provocar asimismo el asma.
Cualquier niño afecto de asma debe hallarse bajo control médico, ya que muy raramente puede superar esta afección y si no ha sido tratado o no se le presta atención, el proceso permanece durante muchos años y puede afectar los pulmones y la pared torácica.
Para tratar el asma, es necesario determinar primero la sustancia o sustancias que lo provocan. El médico necesitará saber si el niño tuvo otras alergias, así como la frecuencia de los ataques asmáticos, las circunstancias que lo rodearon, la comida que toma el niño, los animales domésticos que están en contacto con él, y otros detalles de su vida. Seguramente se practicarán pruebas cutáneas o se le hará inhalar posibles alérgenos para determinar a cuál de ellos es sensible.
El tratamiento que le va a ser administrado estará destinado a dilatar los tubos bronquiales disminuyendo el espasmo bronquial y la hiper- secreción de las membranas mucosas. Se le recomendarán ejercicios físicos y respiratorios adecuados,
así como la eliminación del polvo, plumas, animales domésticos, lana u otras sustancias. Se practicarán desensibilizaciones para crear en el niño una resistencia hacia las sustancias del aire. Si las adenoides y amígdalas obstruyen la respiración o se infectan con frecuencia, deberán ser extirpadas.
Véase también Alergia

Astigmatismo

El astigmatismo es un trastorno ocular que provoca que las imágenes se perciban distorsionadas o borrosas. Ocurre cuando el cristalino o la córnea de un ojo tiene una curvatura irregular. Debido a ello, no todos los rayos de luz que emite un objeto inciden debidamente en la retina, enfocándose algunos por delante de la misma, otros en ella y otros por detrás. Tanto las personas miopes como las que tienen la vista cansada, pueden tener asimismo un astigmatismo. Es un proceso muy común que pocas veces causa incapacitaciones y que puede ser corregido con gafas o lentes de contacto. Ocho de cada diez niños tienen cierto grado de astigmatismo.

La exploración ocular es necesaria para determinar si el niño tiene astigmatismo. En caso afirmativo, puede corregirse por medio de gafas o lentillas de contacto.

El diagnóstico del astigmatismo es muy difícil, si no imposible, sin un examen médico, pero hay algunos signos que pueden hacerlo sospechar. En ocasiones y en las formas más graves, el niño mantiene la cabeza en un determinado ángulo, para lograr que la imagen borrosa se aclare. En las formas más leves, el esfuerzo constante dél ojo para superar dichas imágenes borrosas puede provocar dolor de cabeza, cansancio, irritabilidad o conducir a esfuerzos visuales excesivos.
Véase también Dolores de cabeza; Hiper- metropía; Miopía; Ojos, salud de los

Astillas

Estas penetran en la piel y quedan debajo de ella sin incrustarse más, pero pueden originar mucho dolor y molestias en el caso de que presionen sobre los nervios.
Normalmente son fáciles de extraer. Primero se lava la zona que rodea la astilla con jabón y agua caliente. De este modo se limpia y suaviza la piel, facilitando la extracción. A continuación se esteriliza una aguja y varias pinzas, manteniéndolas unos instantes sobre una llama, procediendo seguidamente a extraer la astilla.
Las pinzas atemorizarán menos al niño, pero no serán tan efectivas como una aguja. Se puede extraer la punta de la astilla con la aguja y luego seguir con las pinzas.
Cuando se haya extraído la astilla, se lavará la herida con alcohol y se protegerá con gasa esterilizada. Si se produce infección, no se ha extraído la astilla en su totalidad o está clavada demasiado profunda, se avisará al médico.

Ataxia

Es la falta de coordinación muscular. El niño que la padece, se mueve inseguro y se tambalea al ponerse en pie o al andar. Puede caerse y golpearse frecuentemente contra sillas o mesas. Todos los niños tienen una marcha atáxica cuando empiezan a andar, pero los que se desarrollan con normalidad andan correctamente hacia los tres años. Si existen sospechas de que el niño padece ataxia, se consultará al médico.
La ataxia indica que la parte del sistema nervioso que controla el equilibrio y la coordinación no funciona correctamente.
Algunas de las causas que la provocan son las siguientes:
■ Infección del sistema nervioso.
■ Tumor del sistema nervioso.
■ Enfermedad hereditaria que afecta el sistema nervioso.
■ Intoxicación por plomo.
■ Histeria.
■ Dosificación excesiva de sedantes o medicamentos que previenen las convulsiones o los vómitos.
Véase también Histeria; Parálisis cerebral

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