La edad escolar: Descripción

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De 5 a 8 años los niños sólo juegan con niños y las niñas únicamente juegan con niñas. Uno de los juegos favoritos de las niñas es saltar a la comba.

Es muy sencillo ver las diferencias entre un niño de 5 años y uno de 8. Ha cambiado mucho. Cuando tiene 5 años es difícil intuir lo mucho que habrá cambiado a los 8. Es muy importante que los padres tengan conciencia de los cambios que realizará un niño al entrar en la escuela. Deberían pensar en el futuro y tener en cuenta estos primeros años escolares. Es preciso comprender las necesidades físicas, mentales y
sociales del niño para ser capaces de enfrentarse con ellas.
El desarrollo del sentido social
A esta edad niños y niñas no juegan juntos. Cuando no tienen amigos del mismo sexo en el vecindario generalmente los encuentran en el colegio y los invitan a su casa a comer, a jugar o a dormir.

Entre los 5 y 8 años, un niño tiene infinidad de iniciativas. Le interesa hacer muchas cosas, hacerlas bien y terminarlas. Necesita que se le respete y anime.
A esta edad el niño necesita sentirse responsable de algo, de algo importante para la buena marcha de su hogar. A veces es difícil encontrar una tarea adecuada para ellos. Las basuras se eliminan en muchas casas con un triturador y no es preciso sacarlas a la calle. Los lavaplatos automáticos hacen innecesario el lavado y secado de la vajilla. Las cortadoras de césped automáticas todavía son demasiado peligrosas. Sin embargo, es extremadamente importante encargarles de alguna tarea casera. Poner la mesa, hacer su cama, limpiar su habitación y ordenar las compras de comestibles son cosas que un niño puede hacer fácilmente.
Durante estos primeros años escolares una persona muy importante hace su entrada en la vida del niño: su profesora. La profesora muchas veces es la primera persona adulta con quien el niño, por sí mismo, traba amistad. Si le gusta quiere que a sus padres también les guste. La mayoría de los niños advierten todos los detalles de su aspecto físico, un vestido o anillo nuevos, un perfume distinto.
Imitación
Las niñas quieren ser como sus madres, como otras chicas mayores o como otras personas del sexo femenino, mayores también. Por lo tanto las imitan. Les gusta jugar a comiditas y colegios y saltar a la cuerda. También disfrutan con los trabajos hogareños más ligeros; ponerla mesa, arreglar flores, mezclar la masa de un pastel y muchas otras diligencias y tareas.

Los niños quieren ser como sus padres, otros chicos mayores u otras personas de su mismo sexo. También las imitan. Desean compartir con su padre todos los trabajos de la casa que sean más varoniles. Les gusta ayudar a limpiar el patio y a solucionar los pequeños problemas técnicos que se presentan en todas las casas. Disfrutan al acompañar a su padre a lugares fascinantes como la ferretería, el surtidor de gasolina o el taller de reparación.
Los automóviles les llaman particularmente la atención. Hay que lavarlos, cambiar los neumáticos, utilizar recambios, cambiar el aceite y llenar el depósito de gasolina. Todas estas actividades implican el empleo de “gatos”, embudos
y toda clase de herramientas mecánicas. Si el padre no es muy hábil en cualquier clase de reparación quizás es mejor que el niño tenga ocasión de contemplar el trabajo de un profesional. Los chicos de esta edad disfrutan idealizando como héroes a los lampistas, electricistas y carpinteros.
El niño en edad escolar venera como héroes a los adolescentes o chicos mayores. Es importante que esté en contacto con ellos, que, por ejemplo, trate a menudo con sus primos mayores, si es que los tiene.
No todos los niños tienen la suficiente coordinación y destreza física para manejar una raqueta de tenis, un palo de hockey o de béisbol. Pero casi todos se sienten interesados por las competiciones deportivas. Algunos incluso están sorprendentemente bien informados sobre los atletas más populares. A veces, por ejemplo, saben el número de goles que han marcado sus jugadores de fútbol preferidos o los que ha marcado un jugador de hockey.
Relaciones entre padres e hijos en edad escolar
El carácter de las relaciones entre padres e hijos en sus primeros años de escolaridad es algo muy importante. Existe el peligro de que niños y niñas, hasta que entran en la escuela secundaria, sólo tengan contactos humanos importantes con personas del sexo femenino. Este mundo excesivamente afeminado no es adecuado para los niños. Los chicos necesitan contactos con personas del sexo masculino. Necesitan conocer a otros hombres, principalmente a su padre, para que les sirvan de ejemplo. Los niños adquieren su masculinidad en parte por su propio desarrollo físico, pero también viendo actuar, hablar y explicarse a los demás hombres. Y viendo también su trato mutuo y con miembros del sexo opuesto. El compañerismo de otro hombre, principalmente el de su padre, es un elemento imprescindible para el desarrollo de la masculinidad del niño.
Las niñas también necesitan el compañerismo de su padre. Un mundo excesivamente afeminado tampoco es bueno para ellas. Un padre ayuda a su hija a comprender cómo son los hombres y cómo reaccionan ante diferentes situaciones.
Visitas fuera del hogar
A través de sus visitas fuera del hogar un niño aprende lentamente a desarrollar su independencia y a desenvolverse en sociedad. Pruebacomidas diferentes y se acostumbra a otros tipos de vida. Aprende cosas nuevas compartiendo las tareas hogareñas asignadas a sus amigos. Amplía el círculo de sus amistades. También entabla relaciones con personas adultas desconocidas. Aprende que no todas las madres son iguales ni tampoco todos los padres y hermanos. Una visita a casa de un compañero con el fin de pasar una noche allí —o aunque sólo sea para comer o jugar con él— es una experiencia que contribuye al enriquecimiento de su trato humano y social.
Antes de permitirle salir de casa —sea para una visita corta o larga— los padres deberían tener en cuenta el carácter de su hijo, sus necesidades y la manera de ser de sus anfitriones. ¿Les gusta su hijo? ¿Constituyen una familia razonable y flexible? ¿Serán pacientes con él mientras intenta adaptarse a su forma de vida? ¿ Están informados del carácter del niño y de sus posibles peculiaridades? Si el niño está siendo medicado, ¿controlarán ellos gustosamente las dosis de su medicina ? ¿ Moja la cama ? Este detalle
no tiene importancia en algunos hogares, pero sí en otros. ¿Tiene pesadillas? ¿Es alérgico a determinados objetos o alimentos? Antes de conceder permiso al niño conviene asegurarse de que las personas adultas que le cuidarán conocen las características particulares del niño. Si les parece que no pueden hacer frente a las necesidades del niño es mejor cancelar la visita.
Aprendiendo a elegir
Es ahora cuando el niño aprende a elegir dentro, claro está, de unos límites determinados. Por ejemplo puede tener ya alimentos preferidos e incluso preferir una manera u otra de cocinarlos y servirlos. Algunos niños sólo quieren las verduras crudas. Otros prefieren el jugo de frutas a las frutas mismas. Si sus gustos son razonables y sus comidas contienen todos los elementos nutritivos indispensables los padres deben permitir que su hijo elija su propia alimentación. Es una experiencia que enriquecerá el desarrollo de su personalidad.
El vestir también les ofrece oportunidades

Las visitas (por un día o por una noche) ayudan al niño a desarrollar su trato social. Las primeras visitas
generalmente se realizan a casa de uno de los abuelos u otros familiares.
Para un niño las zapatillas de tenis pueden llegar a significar algo más que un objeto que sirve para cubrirse los pies.
A menudo son el símbolo de pertenencia a un grupo.
Por esto desea poseerlas a toda costa.

para hacer elecciones inteligentes —naturalmente también dentro de unos límites—, Al ir a la cama, por ejemplo, puede decidir lo que llevará puesto al día siguiente. También se le puede permitir escoger alguna prenda nueva en los almacenes. A esta edad empieza a fijarse en la moda. A veces las zapatillas de tenis representan un símbolo importante. Para las niñas el elegir un adorno para el pelo, lazos, cintas o gorros puede ser algo simbólico y muy importante. Dentro de unos límites razonables hay que respetar la elección que los niños han hecho.
Las asignaciones
Dar una asignación regular es una de las experiencias educacionales que vale más la pena.

La asignación proporcionará al niño una experiencia de primera mano realista e insustituible. El niño aprende a calcular sus gastos y a sacar el mejor partido del dinero que gasta. También le proporciona oportunidades para aprender aritmética en un área idónea para desarrollar su sentido común.
Al principio es posible que el niño se equivoque y compre cosas innecesarias. En cuanto le den dinero quizás se precipite a gastarlo todo olvidando que durante varios días estará sin ninguno. Pero así aprenderá en seguida a seleccionar sus compras y a ser prudente en sus gastos. Pronto comprenderá que una asignación trae consigo la necesidad de elegir.
Sus padres pueden hacerle comprender que

tiene suficiente dinero para comprarse dos globos a la semana y que si retiene la asignación de dos semanas podrá comprar, por ejemplo, un aeroplano. Se puede empezar dándole una pequeña cantidad a la semana y entregándosela siempre el mismo día. Así el niño ve las posibilidades y limitaciones de su asignación. Cuando las necesidades del niño aumenten es preciso aumentar también la asignación. Con este sistema el niño estará preparado para enfrentarse adecuadamente con los gastos de sus viajes al colegio; el billete del autobús, material escolar o la merienda. Al aumentarle la asignación, quizás sea necesario ayudarle a programar sus gastos. Los padres, por ejemplo, pueden anotarle la suma total de sus gastos básicos para toda la semana. También pueden sugerirle alguna manera útil de disponer de su dinero extra.
Las asignaciones deben ser consideradas como una participación del niño en los gastos de la familia y no deberían soprepasar las posibilidades del presupuesto familiar. Con su asignación el niño debe poder hacer lo que quiera. Los padres no deben controlar lo que su hijo compra. Incluso deben permitirle que se equivoque porque aprenderá más de sus errores que de sus aciertos. No hay que insistir en que ahorre parte de la asignación. Lo hará de buen grado y por su cuenta cuando desee alguna cosa. Tampoco se le debe retirar la asignación a causa de su mal comportamiento, malas notas o gastos tontos e inútiles. La asignación no debe ser nunca un soborno ni un arma para garantizar el buen comportamiento del niño.

El desarrollo de los movimientos
Un desarrollo lento pero uniforme caracteriza estos años escolares. Generalmente a los cinco años un niño no está preparado para escribir. Los pequeños músculos de sus manos y dedos no están suficientemente desarrollados. Escribir requiere una coordinación entre manos y ojos y esta coordinación no llega a su desarrollo total hasta los cinco años. Incluso a los seis años un niño puede tener dificultades a causa de esta falta de coordinación.
Cuando escribe un niño de siete años se concentra totalmente. Aprieta mucho el lápiz y acerca los dedos a la punta. Sus letras son desiguales. Al cumplir ocho años estas dificultades disminuyen. Ahora ya puede escribir más fácil y regularmente. En este aspecto también le ayudan una mayor madurez tísica y una creciente habilidad para concentrarse en un propósito determinado.

Las clases de enseñanza primaria se distinguen porque a menudo se ven en ellas niños desdentados.

Todos sus músculos se siguen desarrollando. A esta misma edad las niñas coordinan mejor su esfuerzo físico. Ambos, niños y niñas, son físicamente muy activos, corren, trepan, se deslizan, saltan y brincan. Obligarlos a estar sentados en una silla durante largo tiempo puede causarles aburrimiento y desasosiego.
Otras características físicas
El peso y la medida de un niño de cinco a ocho años también aumenta de un modo lento y uniforme. Un niño corriente cada año aumenta de dos a dos kilos y medio. Crece unos siete centímetros y medio cada año. En el apartado dedicado al crecimiento hay más información al respecto.
Una de las características más acusadas del niño en edad escolar es su sonrisa y los espacios huecos que han dejado sus dientes de leche para dar paso a los definitivos. A los 6 años aparecen los molares de leche y empiezan a crecer los incisivos definitivos. El tema se trata más ampliamente en la guía médica, en el artículo destinado a los dientes.

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