La escuela

La entrada en la escuela

Empezar el primer curso escolar puede ser una gran aventura y un cambio de vida dramático para todos los niños. Muchos niños desean ardientemente este cambio. Aceptan el desafío con facilidad y naturalidad. El crecimiento normal de un niño, en vocabulario, en capacidad de fijar la atención, en intereses sociales más amplios, en curiosidad y en independencia, permite aceptar el cambio sin tensiones. Sin embargo hay maneras de facilitarle el camino sin que se produzca trastornos emocionales.
No le será tan difícil si está acostumbrado a salir de casa sin sus padres. Los niños que han ido de compras con un vecino, que han estado invitados a comer fuera de casa, que han visitado parientes que no viven muy lejos o que han acudido a un parvulario, generalmente no tienen problemas a la hora de cambiar de ambiente.
Tampoco tendrá problemas si está acostumbrado a obedecer la autoridad de otras personas que no sean sus padres. Un niño que ha estado en manos de un “canguro” competente fácilmente aceptará la autoridad de un profesor. Los niños que, bajo la vigilancia de un adulto, han jugado en grupo con sus amigos en cualquier patio o casa del vecindario, no tendrán dificultades con su profesor.
Al empezar su época escolar muchos niños ya conocen a parte de sus futuros compañeros de clase porque pertenecen a su vecindario. Ver caras familiares será una gran ayuda. Si no conociera
a nadie es aconsejable que sus padres inviten a comer o a jugar a uno o dos de sus futuros compañeros. Así el niño no empezará el curso viendo sólo caras desconocidas.
La mayoría de las escuelas destinan unos días a la inscripción de los niños que entrarán el año siguiente. Al inscribir al niño es necesario presentar el certificado de nacimiento o la fe de bautismo. Generalmente los maestros organizan una reunión de los niños que estarán en la misma clase. Y a veces, para que se familiaricen con la escuela, se llevan a cabo algunas de las actividades que los niños deberán realizar al año siguiente.

Los jardines de infancia y las escuelas primarias
Algunos niños aprenden y viven con normas sistemáticas. Asumen las situaciones con calma y cuidado, actuando de manera lógica y metódica. Otros son precavidos. Sólo actúan cuando están seguros de lo que están haciendo. Otros se lanzan directamente y después consideran la situación en que se hallan. Padres y profesores deben identificar, comprender y encaminar el método de aprendizaje propio de cada uno.
En el jardín de infancia y en la escuela primaria se enseña a los niños a leer, escribir y contar. También aprenden arte, ciencias sociales, matemáticas, música y técnicas de expresión. Sin embargo estas materias no se enseñan por separado. Se integran en una experiencia global.
El niño aprende mejor con experiencias de primera mano: ver, oír, tocar y, sobre todo, hacer. Necesita tener estas experiencias antes de empezar a leer. Algunos niños llegan a la escuela sabiendo escribir y conociendo algunas letras, incluso leen un poco. Otros no, y tampoco es una tragedia no saber leer a los cinco años. Al finalizar el segundo grado, la mayoría de los niños han aprendido. Aprenden a asociar las palabras pronunciadas con las escritas y saben deletrear aplicando algunas reglas fonéticas sencillas.

Dudas, ansiedad, expectación y temor forman parte del comportamiento del niño en su primer día escolar.
Pero también hay tiempo para reír y jugar, para hacer amigos en un ambiente totalmente distinto al del propio hogar.
Luego empieza el proceso de aprendizaje. Hay que manejar números y objetos, dibujar letras y formar palabras.
Al finalizar la jornada escolar, el niño se siente feliz compartiendo con su madre las cosas que ha aprendido.

A esta edad, el estudio de las ciencias sociales se limita a ser el conocimiento de las cosas de la gente y del mundo y muchas veces se enseña
a los niños a conocer la ciudad en que viven por medio de excursiones y visitas. Los maestros les enseñan a hacer, en una caja con arena, una maqueta de las calles, carreteras, colinas y canales. Los niños a veces convierten cajas de distintas medidas en casas, almacenes, oficinas de correos y escuelas. Colocan camiones, automóviles y autobuses en las carreteras, modelan personas con plastilina y las colocan en las calles. Esta maqueta es motivo de innumerables conversaciones entre los niños; discuten, preguntan y cambian impresiones. En resumen, lo que empezó como un estudio de “su comunidad” se transforma en una lección de geografía, economía, ecología, ciencias naturales, seguridad, historia y lectura y composición de mapas.

Las visitas a los parques públicos despiertan la imaginación del niño.

Las ciencias también se aprenden con experimentos prácticos. Por ejemplo, un niño probará que un imán sólo atrae cosas de hierro, haciendo pruebas con clavos, clips y limaduras de hierro. Luego puede hacer sus propios imanes, tal vez uno muy sencillo con una aguja corriente o incluso puede hacer un electroimán con un clavo, un trozo de cable y una pila eléctrica. Después quizás hará una brújula o un aparato morse para descubrir cómo se usan los imanes en diferentes aplicaciones. Construyendo todos los elementos él mismo, entenderá mejor cómo funcionan.
Los pequeños suelen ser amantes de la música y el arte. A la mayoría de ellos les gusta cantar e incluso componer sus propias canciones. Usan instrumentos de ritmo como tambores, platillos y panderetas, a veces solos, a veces para acompañar un disco o una canción. Les gusta moverse, bailar y actuar y disfrutan desfilando al son de una marcha. También les gusta pintar, trabajar con arcilla y dibujar al carbón o con lápices corrientes. A menudo cortan, doblan y moldean papel transformándolo en una figura tridimensional.
También gozan oyendo cuentos y poesías. Disfrutan cuando alguien les lee. Cuando se les proporciona oportunidad de usar su imaginación escriben historias deliciosas e incluso componen poemas interesantes.
Los calendarios grandes colgados de las paredes de sus clases les enseñan muchas cosas. Al principio no significan nada para ellos. Pero al cabo de unos días empiezan a distinguir los días de la semana, fechas determinadas y los días laborables de los festivos. El tiempo y las horas empiezan a cobrar significado para ellos. Empiezan a familiarizarse con letras, números, vacaciones, estaciones y con los cambios de clima.
Relaciones entre los padres y la escuela
Durante estos años la base de las relaciones entre la escuela y los padres debe estar consolidada. Padres y profesores se han reunido para discutir las necesidades e intereses del pequeño. Antes de que el niño haga su entrada en la escuela conviene que sus padres hablen con el profesor. En esta conversación es preciso discutir con libertad sobre las características especiales del niño. Cuando la profesora le conozca
ya sabrá algo sobre su carácter y podrá establecer la bases de su relación con él.
Muchas escuelas organizan reuniones de padres y profesores. En estas conferencias la profesora informa a los padres sobre el trabajo de su hijo, sobre su comportamiento y su trato con los demás estudiantes y profesores. Les hace observaciones sobre sus hábitos, actitudes, capacidades, cualidades y debilidades. Una reunión de este tipo plantea interrogantes que no pueden ser contestados adecuadamente con una cifra en un carnet de notas. Paralelamente la profesora se entera con más exactitud de lo que el niño hace en su hogar. Después de este encuentro, los padres y la profesora pueden reunir datos mutuos y deducir la capacidad del niño y sus posibilidades de llegar a la meta que le han fijado. De este modo los padres sabrán en qué pueden ayudarlo.
También es interesante que los padres de los niños pertenecientes a la misma clase se conozcan entre ellos. Pueden organizarse reuniones de vez en cuando para tomar una taza de café o tal vez una representación escolar reunirá a la salida a padres, profesores y alumnos.

Un niño con curiosidad y afán de conocer aprende mejor cuando estudia por medio de experiencias directas.
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