Minutos, segundos y nanosegundos

En lo alto de la torre de la plaza de una ciudad había una gran campana. A cada lado de ésta se alzaba una gran estatua de hierro que representaba a un hombre. Cada estatua tenía un martillo en la mano.

De pronto, una de las estatuas pareció cobrar vida. Movió los brazos y el martillo golpeó la campana con un sonoro ¡bang! Momentos después, la segunda estatua también se movió. El martillo que tenía en la mano golpeó a su vez la campana. Luego, las dos estatuas volvieron a quedar rígidas, sin movimiento. Pero ambos tañidos habían anunciado que eran las dos.

Hasta hace unos trescientos años, no era necesario que los relojes midiesen más que las horas. Los relojes de casi toda Europa eran grandes máquinas que hacían sonar una campanada coincidiendo con las horas: tantas horas, tantos tañidos.

El primer gran reloj en el que una campana marcaba las horas, se construyó e instaló en Milán, Italia, hace 650 años.

Con el paso de los años se hicieron ya relojes con esferas y una manecilla que señalaba las horas. Pero no había manecilla para los minutos ni los segundos.

Hace unos trescientos años, Cristián Huygens, de quien ya hemos hablado, inventó un reloj de péndulo. Un péndulo es una pesa larga oscilante que se mueve de un lado a otro.

Con un péndulo que oscilaba continua y regularmente, los relojes que se construían medían el tiempo con mucho mayor precisión. Todavía quedan muchos relojes de péndulo, como los de cuco o el del abuelito.

Muchas personas, especialmente los científicos, no tardaron en descubrir que necesitaban medir el tiempo en unidades menores que las horas.

Así pues, se construyeron relojes con la esfera dividida en sesenta espacios para los minutos, y una manecilla para señalarlos. Más tarde se añadió otra manecilla para los segundos. Este fue el principio de los relojes que hoy usamos.

Pero hemos dividido el tiempo en unidades cada vez más pequeñas. Algunos científicos usan un tipo de reloj que mide un período pequeñísimo que se llama nanosegundo. Un nanosegundo es una milmillonésima parte de segundo. Así pues, cada vez que en tu reloj pasa un segundo, ¡acaban de transcurrir mil millones de nanosegundos!

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