Delgadez, Dermatitis, Descarga eléctrica, Deshidratación, Desmayo, Diabetes, Diarrea

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Delgadez

Antes de empezar a preocuparse por el poco peso de un niño, los padres deberían asegurarse de que realmente no pesa lo que debería. Todos los niños tienen un tipo particular de crecimiento y por lo tanto no existe una regla totalmente fija e inmutable según las edades y talla. Deben dejar opinar al médico, quien intentará averiguar qué es lo que origina su delgadez.
Casi todos los niños que no pesan lo suficiente, tampoco comen lo suficiente. Puede ser por causa de enfermedades crónicas o trastornos emocionales.
También existe la posibilidad de que coman la cantidad necesaria, pero que los alimentos que ingieren no tengan suficiente valor nutritivo, y en este caso, tal vez el problema se solucionará con un régimen más equilibrado. Por otra parte, aunque el niño ingiera los suficientes elementos nutritivos, una enfermedad crónica y de larga duración (diarrea o desórdenes metabólicos) puede
impedir que el organismo absorba adecuadamente los alimentos que consume.
En algunos casos poco corrientes, los elementos nutritivos se absorben y eliminan con demasiada rapidez, como por ejemplo, en el caso de que la glándula tiroidea trabaje más de lo que le corresponde.
Ciertos niños pierden interés por la comida a causa de unos padres demasiado preocupados por inculcarles buenas maneras y educación en la mesa. Otros padres insisten demasiado en que el niño coma.
Un niño, excepto en el caso de enfermedad, come normalmente lo suficiente para ir ganando progresivamente una cantidad razonable de peso. Tal vez perderá interés por la comida debido a que empieza a caminar y está muy ocupado explorando el mundo que lo rodea. Al mismo tiempo deja de ser un gordinflón y este cambio puede hacer pensar a sus padres que no come lo suficiente. No es el momento más idóneo para molestarlo con insistencias inoportunas, porque podría transformarse en un problema crónico. El niño volverá a comer normalmente sin intervención de sus padres.
Una enfermedad puede hacerle perder el apetito, pero si no se le coacciona, lo recuperará al mismo tiempo que la salud. Los celos de un her- manito recién nacido, las depresiones y la tristeza, también pueden ser causa de una pérdida del apetito.
Si el médico dice a los padres que no existe ningún motivo para preocuparse, deben dejar de hablar sobre su peso. La eterna frase “estás en la piel y los huesos” que las madres repiten una y otra vez puede crearle un complejo sobre su aspecto físico.

Dermatitis de los pañales.

En su forma leve, es tan frecuente que casi todos los lactantes la tienen alguna vez. La piel de la zona que contacta con el pañal está roja y escocida habiendo incluso alguna vez algún granito además de zonas más ásperas y enrojecidas. La erupción puede progresar con lo que el niño se siente incómodo. Si se extiende al pene, tendrán gran molestia y dolor al orinar.
La dermatitis de los pañales, en su forma grave, es el resultado de la interacción de las bacterias de la piel y la orina acumulada. Ello produce amoniaco que irrita la piel y favorece la erupción.
Para evitar esta afección se cambiará con frecuencia el pañal del niño, no utilizando braguitas de plástico, sobre todo en los niños muy pequeños o en aquellos de piel delicada. Se enjuagarán bien los pañales, después de su lavado. El aclarado de una lavadora automática, generalmente es suficiente y adecuado.
Si el niño tiene la piel escocida, se le dejará sin pañales una hora aproximadamente, después de cada vez que se le cambie, ya que el aire ayuda a que la piel se seque y cure. Se le aplicará un preparado protector, como la pasta de óxido de zinc o una loción adecuada para la piel infantil, después de haberle lavado y secado bien el área afectada. El médico aconsejará alguna preparación adecuada.
En el caso de una dermatitis muy grave, se enjuagarán los pañales con una solución de vinagre (media taza de vinagre casero en la cubeta del agua), y se secarán completamente, haciéndose esto después de haber lavado y enjuagado los pañales normalmente.
En ocasiones, la dermatitis es debida a los enzimas y blanqueadores de los detergentes utilizados en el lavado de los pañales. Para evitar esto, se utilizará un jabón neutro y se hará un buen aclarado. Si todo lo dicho anteriormente es inefectivo, después del lavado se hervirán los pañales durante media hora o más.
Si la dermatitis de los pañales parece una quemadura química, produce ampollas o se infecta, se consultará al médico. Una complicación bastante común de la dermatitis de los pañales en su forma grave es el impétigo (enfermedad de la piel con formación de ampollas).
Véase también Impétigo

Descarga eléctrica

Para liberar a un niño de un cable eléctrico por el que pasa la corriente se debe estar de pie o arrodillado sobre una zona seca. Entonces se levanta el cable con un palo u objeto no conductor de la corriente.

Una descarga eléctrica puede causar graves lesiones e incluso la muerte por lo que es mucho mejor prevenirla que tratarla.
Si el niño sufre una descarga eléctrica, lo primordial es procurar conservar la calma, para poder actuar con el máximo de sensatez. En el caso de que el niño no pueda apartarse del cabe, se cortará inmediatamente la comente desde el interruptor central o quitando los fusibles. Si esto no es posible, se utilizará un material que no sea conductor de la electricidad, como puede ser un trozo de madera, ramas, ropa doblada, periódicos, guantes de goma, etc., para apartar al niño del cable, pero nunca se utilizarán directamente las manos y además la persona que auxilia al niño se asegurará de que esté pisando una zona seca.
Tan pronto como el niño quede liberado, se iniciará la respiración artificial (véase Respiración artificial, página 265). Entretanto y si es posible, otra persona llamará al médico o alguna autoridad como policía, bomberos, etc., indicándoles de qué se trata, pero si solamente hay una persona que auxilie al niño, reinstaurará primero la respiración y a continuación llamará al médico, quien tratará las quemaduras u otras lesiones y diagnosticará la gravedad y posibles consecuencias de la descarga.
La mayoría de las veces que los niños sufren descargas eléctricas es a consecuencia de negligencias de los adultos que no tienen en cuenta las ansias investigadoras del niño, que le llevaron a hurgar en algún enchufe, tirar de un cordón eléctrico o sintonizar la televisión por la parte posterior del aparato.

El niño tiene que aprender que las negativas referidas a su seguridad son tajantes. Desde que empieza a gatear debe acostumbrarse a no jugar alrededor de los enchufes. Para ello, cada vez que se acerque a uno de ellos, se le apartará de él, distrayéndolo con algún juguete.
Véase también Accidentes; Quemaduras; Respiración artificial

Deshidratación

Es el estado que ocurre cuando el contenido en agua del organismo es escaso. A veces se acompaña de pérdida de algunos minerales, como el sodio y el potasio.
La deshidratación tiene dos causas, la primera una pérdida excesiva de agua del organismo del niño, como ocurre cuando hay vómitos persistentes, diarrea de cierta duración, exceso de sudoración, fiebre alta, quemaduras graves o aumento de la cantidad de orina emitida. La segunda causa es la disminución del aporte de agua, como ocurre cuando el niño no puede beber o no bebe los líquidos suficientes para las funciones normales de su cuerpo.
La gravedad de la deshidratación depende de la cantidad de agua y de minerales perdidos. Generalmente la piel del niño está seca y su lengua y mucosa bucal también. La piel se hace menos elástica. Los lactantes y niños pequeños pierden peso y en ciertas ocasiones hay fiebre de 3 8o C o más. En los casos más graves el niño puede aparecer indiferente al ambiente y con los ojos hundidos; además las fontanelas (espacios blandos, membranosos que quedan entre los huesos de la cabeza, antes de su osificación) aparecen deprimidas.
Si el niño presenta signos de deshidratación, se llamará al médico inmediatamente y si no se le puede encontrar, se llevará al niño a un hospital. Si la diarrea, los vómitos u otra causa de deshidratación ya cesaron, se le dará agua en abundancia. Si lo tolera bien se le administrarán pequeñas cantidades de té flojo o manzanilla en infusión, una mezcla a partes iguales de agua y leche desnatada o una bebida carbónica suave.
El médico juzgará la gravedad de la deshidratación basándose en las causas de la misma y en los signos que presente el niño. Pedirá unos análisis de sangre y orina para determinar si perdió minerales. Si la deshidratación no es grave, le prescribirá medicación oral, pero si es grave y sobre todo si hay una pérdida persistente de líquidos,
es casi seguro que se imponga la hospitalización y la administración de líquidos por vía intravenosa.
Véase también Diarrea; Fiebre; Fontanelas; Trastornos urinarios; Vómitos

Desinfección

véase Esterilización

Desmayo

Si el niño se desmaya con facilidad, se le enseñará a colocar la cabeza entre sus rodillas en seguida que note que comienzan los primeros síntomas.

Se denomina así a una pérdida del conocimiento, de corta duración. Casi siempre ocurre repentinamente, cuando la presión sanguínea desciende a un punto en el que el cerebro no recibe la sangre suficiente como para mantener el conocimiento.
Antes de desmayarse, el niño puede sentirse mareado o entumecido, así como tener náuseas, visión borrosa, palidez, producir mayor salivación y sudoración y tener bostezos o suspiros. Todos estos síntomas pueden desencadenar un proceso que termine en un desmayo, aunque no siempre lo hacen.
Cuando se produce un desmayo, generalmente la pérdida del conocimiento es momentánea. Entonces se echará al niño sobre su espalda, sin poner nada debajo de la cabeza, se le desabrocharán las ropas y elevarán los pies. Una vez hecho esto, la sangre volverá a circular de nuevo en cantidad suficiente, llegando al cerebro y haciendo que recobre el conocimiento. Si no sucede
así, se llamará inmediatamente al médico, ya que existe el peligro de que se produzcan irreparables lesiones cerebrales.
Un desmayo puede estar provocado por un susto, como reacción al dolor o a una visión desagradable. Otras causas son la fatiga, el estar de pie sin caminar en mucho rato, el calor, las aglomeraciones, etc. Generalmente el desmayo ocurre cuando el niño está de pie; muy raras veces cuando está acostado.
Algunos niños se desmayan con más facilidad que otros. Si al niño le sucede con mucha frecuencia, se le ha de enseñar a tumbarse en el suelo con los pies elevados o a sentarse en una silla colocando la cabeza entre las rodillas, en cuanto aparezcan los primeros síntomas. Si está en una habitación muy caldeada, debe ir a otra más fresca y saber evitar las situaciones que él sabe que le provocan desmayo con facilidad.
En general, el desmayo no es signo de gravedad, pero si un niño se desmaya repetidamente, se deberá consultar con el médico, para que pueda determinar las causas.
Otras causas de pérdida de conocimiento, además del desmayo, son el coma diabético, los traumatismos craneales, las intoxicaciones y otras varias.

Diabetes mellitus

Es una enfermedad en la cual el organismo no es capaz de absorber adecuadamente el azúcar. La causa es que el páncreas no produce en cantidad suficiente la hormona denominada insulina que hace que el cuerpo almacene glucosa y que se queme normalmente. La diabetes es más común en los adultos, pero puede aparecer en cualquier edad.
El niño con una diabetes sin tratar, generalmente come mucho más de lo normal, bebe grandes cantidades de agua y orina frecuentemente o en gran cantidad. La diabetes se diagnostica por medio de un análisis de sangre y de orina y, de existir la enfermedad, se hallará un exceso de glucosa en la sangre y en la orina. Si no se diagnostica pronto y no se comienza el tratamiento,
el niño empieza a perder peso, respira profunda y rápidamente, tiene náuseas, vómitos y se va debilitando gradualmente, pudiendo llegar a un estado soñoliento e incluso a alcanzar el estado de coma diabético.
Todos los diabéticos debieran estar bajo control médico. A pesar de que la mayoría de los casos de diabetes no curan, pueden ser controlables con el uso de inyecciones de insulina. Los sustitutos bucales de la insulina no parecen adecuados para la mayor parte de los niños. Algunos preparados insulínicos actúan durante varias horas, con lo que se precisarán sólo una o dos inyecciones diarias. Se deben vigilar mucho las dosis de insulina inyectadas, ya que un exceso puede llegar a disminuir tanto el azúcar de la sangre que el niño se sienta vorazmente hambriento o tenga náuseas, sude, se ponga pálido e incluso se desmaye y pierda el conocimiento —algunas veces tras una convulsión—. A este estado se le llama shock insulínico y en este caso se le dará jugo de naranja y otro alimento azucarado y se llamará en seguida al médico.
Además de la insulina, muchos médicos recetan dietas a base de alimentos con poco azúcar.
A pesar de que la diabetes dura toda la vida no debe interferir el desarrollo psíquico y social del niño. Se le debe animar a participar en las actividades normales de la infancia y a cuidarse de su propia dieta y necesidades de insulina. Los niños diabéticos pueden llegar a la edad adulta y desarrollar una actividad normal.
Véase también Convulsiones; Dietas; Glándulas endocrinas; Herencia; Medicamentos

Diarrea

Es un trastorno intestinal caracterizado por deposiciones frecuentes y líquidas. Puede ser grave, sobre todo si va acompañada de la presencia de moco o sangre en las heces, somnolencia, pérdida del apetito, vómitos o fiebre. Si es persistente o parece grave, se acudirá inmediatamente al médico.
En los lactantes, la diarrea se debe generalmente a problemas de alimentación. Puede ser que la fórmula de la leche no tenga las debidas proporciones (demasiado azúcar o poca agua) o no esté bien esterilizada. El médico deberá saber cómo se prepara la leche del niño y la cantidad que se le administra. En ocasiones aparece una diarrea cuando en la dieta se añade un nuevo alimento sólido, particularmente cuando se reemplazan los purés por las comidas cortadas a pequeños trozos. Se puede evitar en parte verificando los cambios de alimentación de una forma lenta. Ocasionalmente la diarrea se debe a alergia hacia algún alimento.
Una infección general en el organismo puede acompañarse de una ligera diarrea. En este caso, el médico recetará medicamentos para combatir la infección, además de aconsejar la administración de mayor cantidad de líquidos (agua, un preparado de leche bien diluida, jugo de manzanas o té muy flojo), reemplazando con ello los líquidos perdidos por la diarrea. También es indicada una dieta blanda a base de purés de manzanas, cereales, gelatina, etc.
La infección intestinal es asimismo causa de diarrea y se debe impedir que se transmita a otros miembros de la familia, lavándose siempre las manos, después de coger al niño o tocar sus pañales. Estos se lavarán aparte e incluso se hervirán, con el fin de destruir los gérmenes.
En los niños un poco mayores, la diarrea tiene menos importancia, pero se da por causas semejantes (infección intestinal, enfermedad general o algún alimento que no es bien digerido).
La diarrea puede ser causada también por un estado de tensión o ansiedad dado en épocas de gran actividad o excitación, como puede ser un examen o una fiesta especial. Si estas situaciones provocan frecuentemente diarrea, se tratará de evitar la tensión, el exceso de actividades simultáneas o la excitación.
Véase también Alergia; Deshidratación; Esterilización; Intoxicación alimentaria

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