Paperas, Parálisis cerebral, Párpados, Pesadillas, Picor, Piernas, Pies, Poliomielitis, Pulmonía

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Paperas (Parotiditis infecciosa)

Es una enfermedad contagiosa causada por un virus. Es más corriente entre los niños que entre las personas adultas.
Las paperas empiezan con un dolor debajo y junto a los oídos. Más tarde el niño tiene dificultades al tragar y masticar y las glándulas salivales (parótidas) cercanas a los oídos se hinchan y endurecen. En la mayoría de los casos, se hincha una glándula primero y la del otro lado unos días más tarde, pudiendo ser que solamente se inflame un lado de la cara. En algunos casos afecta a otras glándulas salivales, pero de esto sólo se dará cuenta el médico. En un 30 ó 40 % de los casos, la hinchazón de las glándulas no es observable.

Un niño con paperas puede sentirse muy molesto al tragar alimentos ácidos o muy sazonados. Es posible que tenga fiebre y escalofríos. Ante la sospecha de síntomas de paperas, se debe consultar al médico inmediatamente.

Las paperas producen agrandamiento de las glándulas salivales en uno o en ambos lados del cuello.

Cuando las paperas atacan a los adultos o adolescentes, pueden verse afectados los testículos o glándulas sexuales, pero esta complicación raramente es causa de esterilidad. Otra complicación de las paperas atañe a las meninges (membranas que rodean al cerebro y la médula espinal). El niño puede tener fiebre alta y dolor de cabeza; es posible que vomite y delire, pero esta complicación raramente causa efectos posteriores perjudiciales.
En algunos casos de paperas leves el médico no insistirá en que el niño guarde cama, pero si el caso es más grave o se trata de un adolescente, el médico probablemente le sugerirá que lo haga, bien abrigado y en un ambiente tranquilo.

Los síntomas de las paperas aparecen ordinariamente a los 14 ó 21 días después de haber contraído la enfermedad. Las paperas son contagiosas desde 7 días antes de la aparición de los primeros síntomas, hasta los 7 ó 10 días después, o hasta que desaparezca la inflamación, pudiendo entonces volver a la escuela. Si ha tenido paperas en una o ambas glándulas parótidas, es muy raro que vuelva a contraer la enfermedad.
Existe una vacuna contra las paperas. Los médicos la recomiendan para los adolescentes que no han contraído la enfermedad y niños de ambos sexos que tienen enfermedades graves tales como la fibrosis quística.
Véase también Enfermedades contagiosas

Parálisis cerebral

Es un término general utilizado para designar una serie de trastornos motores que son el resultado de una lesión del cerebro. La lesión puede suceder antes, durante o poco después del nacimiento.

El cerebro (la parte más grande y compleja de la masa cerebral) y el cerebelo (parte que controla la coordinación y el equilibrio) gobiernan y rigen los músculos y el movimiento. Ambos, cerebro y cerebelo, mandan señales a través de la medula espinal, a los nervios periféricos de los músculos. Cuando existe una lesión en tales regiones del encéfalo, los músculos del niño reciben señales erróneas. En estos casos, podrá darse parálisis, debilidad, incoordinación, falta de equilibrio, temblores y movimientos involuntarios y desorganizados.
Cuando la lesión cerebral es suficiente como para producir trastornos motores, existirán otros defectos de la función cerebral, como convulsiones, trastornos del habla y visuales. Si la lesión es grave, puede producir deficiencia intelectual.

La falta de control muscular que acompaña a la parálisis cerebral interfiere a menudo el habla y la escritura. Debido a ello, el niño no puede expresarse y es difícil medir y estudiar su inteligencia. Por otra parte, no es fácil determinar la actitud del niño mediante pruebas de inteligencia, si está afectado por una parálisis cerebral o por un retraso mental.
La lesión del cerebro y del cerebelo puede obedecer a varias causas. Las más comunes son la falta de oxígeno que llega al cerebro, una hemorragia cerebral o una infección materna como la rubéola u otras enfermedades víricas, en las primeras épocas del embarazo. Generalmente la parálisis cerebral no es ostensible al nacer, ya que ni el cerebro ni el cerebelo del recién nacido controlan el llanto, la succión o el movimiento, pero durante el primer año de la vida y a medida que ambos se van desarrollando, aparecen en el niño normal, sin parálisis cerebral, una serie de nuevos hechos como son la acción de sentarse, los movimientos de las manos, el ponerse en pie y el andar.

En el niño con parálisis cerebral, estos adelantos no se desarrollan y al observar al paciente el médico puede valorar el grado de la lesión. En esta fase, son ya difíciles de encontrar las causas, pero ayuda mucho al médico toda serie de detalles sobre el embarazo, el parto y las primeras épocas del recién nacido. A pesar de todo, a menudo es muy difícil establecer un diagnóstico definitivo.

Aunque los niños con parálisis cerebral continúan creciendo y desarrollándose, el acto de andar, comer por ellos mismos, hablar y otras habilidades, aparecen más tarde que en los niños normales, a veces incluso no se dan nunca.

La parálisis cerebral no se cura, pero el tratamiento médico, la fisioterapia, ejercicios de habla, educación especial, entrenamientos, etc., ayudan mucho a ir aumentando las habilidades del niño. El tipo de ayuda que un niño con parálisis cerebral debe recibir depende del grado y clase de incapacidades que tenga. El tratamiento médico incluye medicamentos o cirugía, fisioterapia, ortopedia o ejercicios. La habilidad para aprender varía, ya que mientras unos pueden llegar únicamente a comer y vestirse por sí solos, otros son capaces incluso de efectuar algún trabajo.

Parálisis infantil

véase Poliomielitis

Párpados

Los párpados tienen la misión de proteger los ojos y mantenerlos limpios; todo trastorno que presenten, debe ser visto por el médico.
Una afección muy frecuente de los párpados debida a la infección de una de las glándulas de los mismos, es el orzuelo. Es un pequeño grano que se forma en el párpado y que generalmente se cura solo. El uso de compresas calientes contribuirá a madurarlo y aliviará la irritación.

A veces un orzuelo provoca la aparición de otros nuevos, ya que al drenar el pus, éste infecta otras zonas del párpado. Para evitar esto, el médico posiblemente recetará algunas gotas oculares antibióticas. Si un niño tiene orzuelo muy a menudo, debe ser explorado por el médico.
Otras afecciones de los párpados pueden producir enrojecimiento, quemazón, escozor, formación de costras o hinchazón. A veces hay tumores en el párpado y otras se enrojece el borde del mismo.
Véase también Conjuntivitis; Ojos, salud de los

Pesadillas

Los niños pequeños (especialmente de dos a cinco años) se despiertan con frecuencia durante la noche a causa de un sueño terrorífico. Estos sueños son una válvula de escape y les libran de sentimientos desagradables. Los temores y frustraciones del día se ciernen sobre el niño durante la noche, desembocando en sueños que le hacen despertar llorando y gritando. Solo y asustado por la oscuridad, necesita ayuda y es conveniente hablarle con voz suave y animarle a que explique cuál fue el sueño. Aunque sea un relato confuso, puede dar la clave de la causa de las pesadillas o de los problemas que le preocupan.

No es materialmente posible eliminar todas sus ansiedades y temores, por lo tanto no hay ninguna forma de evitarle las pesadillas, pero quizás un poco más de atención por su equilibrio emocional (manteniéndolo aparte de los problemas familiares, dedicándole más tiempo) le ayudará a dormir con mayor tranquilidad. Si un niño tiene pesadillas muy a menudo, se consultará con el médico.
Véase también Sueño

Picor o prurito

Es un síntoma de muchas enfermedades. El frío y las compresas húmedas alivian la comezón, pero es necesario descubrir sus causas antes de iniciar un tratamiento. Seguidamente se indican algunas de ellas.
■ La alergia (incluyendo la urticaria y la eccema) produce a veces picores incontrolables. Un niño, aunque se haya recuperado completamente de la eccema, puede seguir rascándose cuando se va a la cama, cuando se halla desnudo o tiene un trastorno emocional.
■ La fiebre del heno produce picores en los ojos, oídos, nariz, garganta y boca.
■ La lombriz intestinal causa picores intensos en la zona que rodea el ano, por lo general durante la noche.
■ El pie de atleta (tiña del pie) produce molestias y comezón entre los dedos de los pies.
■ Las picaduras de mosquito, mosca y chinche, también producen escozor.
■ La varicela causa molestias de este tipo cuando aparecen vesículas.
■ Él zumaque venenoso es una de las causas que produce comezón, ampollas y costras.
Véase también Alergia; Lombriz intestinal; Tiñas; Varicela; Zumaque venenoso

Pie de atleta

véase Tiñas

Pie Zambo

La deformación denominada del “pie zambo” es la más común con la que

Este niño nació con pies zambos.
Se comenzó tratamiento correctivo antes del año de edad.

puede nacer un niño. Generalmente el pie zambo, llamado también pie varo, está torcido hacia dentro y hacia abajo, lo que produce una deformación típica en las extremidades inferiores. Se presenta en determinadas familias y es más común en los niños que en las niñas. Ocurre una vez entre 1.000 nacimientos.

A la edad de seis años, el pie zambo se había corregido, consiguiéndose una posición casi normal.

Se puede presentar en uno o en ambos pies y la gravedad oscila entre las formas leves hasta las más importantes que necesitan un cuidado muy especial. Este último caso será el cirujano ortopedista (especialista en alteraciones de los huesos) el que lo dirija. El tratamiento incluye masajes, zapatos especiales, tablillas correctoras o yesos y, en algunos casos, una operación. Los mejores resultados se obtienen cuando se comienza el tratamiento preferentemente antes de que el niño tenga un año de edad. Si se retrasa, puede ser más difícil la corrección de la deformidad y los resultados no tan buenos.

Piernas arqueadas.

Casi todos los recién nacidos parecen tener las piernas curvas. Las rodillas

Esta radiografía muestra los huesos de un niño que nació con piernas incurvadas. Las rodillas se desplazan hacia fuera y los pies hacia dentro.

se hallan dirigidas hacia fuera y los pies ligeramente vueltos hacia dentro. A pesar de que los huesos generalmente están bien formados, las piernas tienden a seguir adoptando la posición que tenían en el claustro materno.

Radiografía del mismo niño en la que se ve lo mucho que se corrigió la deformación después de cuatro años y medio de tratamiento médico.

Las piernas curvas no desaparecen en el niño hasta al cabo de un cierto tiempo de caminar. Deben enderezarse primero el tobillo y los músculos del pie, así como los músculos y ligamentos de sus piernas y rodillas. A medida que los músculos se fortalecen al andar, las piernas van apareciendo más rectas y las rodillas más juntas. La edad media en la cual desaparece la incurvación de las piernas es entre 1 y 2 años.
Si tiene las piernas excesivamente incurvadas o si a los dos años no se han enderezado, se consultará al médico.

En algunos casos, las piernas incurvadas pueden estar provocadas por un raquitismo, producido por deficiencia alimenticia de vitamina D. Sólo raramente será necesario un tratamiento especial con ortopedia o cirugía.

Pies, cuidados de los

Dos de las preguntas que más frecuentemente se hacen los padres son: “Cuándo debe empezar a llevar zapatos el niño?” o “¿Qué tipo de zapatos son aconsejables?”

El niño no necesita zapatos durante el primer año. Tampoco necesita botines ni calcetines, a no ser que la casa o el suelo sea muy frío.
Al empezar a andar, solamente necesita zapatos cuando lo haga fuera de la casa, con un tiempo frío o sobre algo que pueda hacerle daño. En buenas condiciones, es muy conveniente dejarle ir descalzo, hasta los dos o tres años, ya que de esta forma se fortalecen los pies y los músculos de las piernas y se forman un buen puente del pie.

Los primeros zapatos deben ser planos, con suela flexible y no apretados. A los dos años puede llevar unos zapatos normales.
Para saber si los zapatos le van bien al niño, en posición de pie, el dedo más largo debe quedar a 1 cm de la punta del zapato. Para ver que sean lo suficientemente anchos, se pellizcará el zapato desde fuera, debiendo quedar un espacio a la altura de los talones.
Los calcetines también son importantes. De ben ser un centímetro mayores, como los zapatos. Los mejores son los de lana y los de algodón, ya que absorben la humedad. Se le deben cambiar cada día y si se los pone él mismo, vigilar que lo haga correctamente, de manera que el talón quede en su sitio.

Hasta los 5 ó 6 años, el niño necesita unos zapatos nuevos cada tres o cuatro meses. No se debe dejar que lleve unos zapatos con las suelas o los tacones gastados, ya que esto hace que el pie tenga que ejercer más fuerza y puede provocar dolor, callos u otros trastornos.
Aunque el niño sea un poco mayor, quizás no diga que unos zapatos le duelen, pero si parece que anda con dificultad, o si se quita los zapatos cuando llega a casa, probablemente es que le vienen pequeños. Otra indicación es un enrojecimiento en la base de las uñas de los pies. Puntos rojos o ampollas indican que el zapato roza la piel.
Los zapatos no se deben pasar de un niño a otro, ya que los pies tienen formas distintas y el niño mayor habrá impreso la suya en los zapatos. Incluso los de suela de madera, con la forma de la planta del pie, pueden hacer perder la propia forma.
Véase también Cadera, dislocación congénita; Piernas arqueadas; Pies planos; Tiñas; Uñas, cuidado de las; Verrugas

Pies planos

Los huesos del arco o puente del pie normal están soportados por los músculos y ligamentos.
Cuando éstos son débiles, el arco o puente se aplana.

El arco del pie está formado por una serie de huesos, perfectamente relacionados entre sí, que constituyen una bóveda afirmada por músculos y ligamentos. Si estos músculos son débiles, el arco se relaja, se aplana y el niño tiene el pie plano, produciéndole molestias, dolor y cansancio fácil.
La mayoría de los niños pequeños parecen tener los pies planos, ya que sus pies son regordetes, con abundante grasa que enmascara el arco. A medida que el niño se ejercita en la marcha, los músculos se fortifican y sostienen los huesos del pie, formando un arco firme. Si a los dos años, todavía parece tener los pies planos, se queja de dolor en ellos o en las piernas o se cansa fácilmente, se consultará al médico, quien puede aconsejar unas plantillas especiales para los zapatos.

Hasta los dos años el niño debe llevar zapatos suaves, con una suela flexible, que permitan a los músculos de sus pies y tobillos, moverse y fortalecerse.

Poliomielitis

O parálisis infantil es una enfermedad grave producida por un virus que se caracteriza por la inflamación del cerebro y la medula espinal.
Los síntomas iniciales se parecen a los de un resfriado corriente: fiebre, escalofríos, dolor de garganta, dolor de cabeza, trastornos intestinales graves, espalda rígida, espasmos musculares en el cuello y muslos o dolores y rigidez en las piernas, espalda y cuello. Algunos niños llegan a quedarse definitivamente paralíticos, pero no todos. Es imprescindible que estén bajo el cuidado de un médico.

La vacunación ha eliminado casi totalmente la poliomielitis. La primera vacuna que se descubrió fue la de Salk, en la que el virus está muerto, pero todavía puede producir anticuerpos. Más tarde, Albert Sabin ideó una vacuna oral con gérmenes vivos, es decir, con virus vivos, portadores de poliomielitis, pero debilitados para que no puedan producir la enfermedad. La vacuna de Sabin proporciona una inmunidad que dura mucho tiempo, por lo cual, los niños que han recibido la vacuna Salk, deberían ser vacunados de nuevo con la oral de Sabin.

Es muy fácil de administrar. Se introduce directamente en la boca del niño o se empapa en ella medio terrón de azúcar.
Los tipos de virus que causan la parálisis infantil son tres, por lo que el niño debería tomar tres tipos de vacuna para estar totalmente protegido. Algunos médicos prefieren la monovalente. Primero lo vacunan contra el tipo I, luego contra el tipo III y finalmente contra el tipo II. Otros aconsejan una vacuna trivalente que actúa contra los tres tipos de virus a la vez y se ingiere en tres dosis.

La vacuna oral de la poliomielitis (sea monovalente o trivalente) debería ser tomada cuando el lactante tiene 2 ó 3 meses, repitiendo las dosis siguientes a los 3 ó 4 meses y por último a los 4 ó S meses. Luego se administra una dosis trivalente a los 12 ó 15 meses y finalmente a los 6 años. Algunos médicos prefieren empezar a inmunizarlo cuando tiene sólo un mes.

Primeros cuidados. Para emergencias específicas son descritos en los artículos siguientes:

Asfixia, Congelación, Conmoción, Cortes y rasguños, Convulsiones, Descarga eléctrica, Dislocación de una articulación, Dislocaciones y esguinces, Fracturas óseas, Hemorragias, Mordeduras o picaduras, Quemaduras, Respiración artificial, Venenos y envenenamiento.
Reglas de los primeros cuidados. A continuación se dan una serie de instrucciones sobre los pasos que se deben seguir en los primeros cuidados.

■ Mantener la calma
■ Poner al niño en posición horizontal.
■ En las heridas con hemorragia, hacer inmediatamente lo necesario para cortarla y si hay asfixia, iniciar la respiración artificial. En caso de intoxicación, darle el antídoto adecuado.
■ Llamar al médico. De ser posible, deberá hacerlo otra persona que no se ocupe de los primeros cuidados.
■ Mantenerle quieto y continuar aplicándole los primeros cuidados hasta que llegue el médico.

Botiquín de primeros cuidados. Es muy importante tener en la casa, en el coche y en la casa de verano, un botiquín con el material suficiente.
Debe estar preparado y ordenado de manera que al coger lo que se necesite no se tenga que desordenar todo el botiquín. Cada componente debe ir envuelto por separado, para que no se mezclen o contaminen unos con otros. El botiquín debe tener lo siguiente:

Tijeritas de esparadrapo de distintas medidas Varias gasas cuadrangulares Un rollo de esparadrapo Una venda
Un tubo de pomada para las quemaduras
Una caja de gasas estériles
Mercromina en solución
Unas pinzas finas para extraer astillas
Aspirina infantil
Un termómetro clínico
Algodón hidrófilo
Alcohol de 90°

Pulmonía

Es una inflamación de los pulmones causada por bacterias o virus. La mayoría de los niños contraen la pulmonía como consecuencia de las complicaciones que pueden seguir a un resfriado o a enfermedades tales como la gripe, el sarampión y la tuberculosis.

En ocasiones es producida por la inhalación de ciertos hongos. También puede desarrollarse si el niño ingiere sustancias químicas como querosenos del barniz para muebles. Otros casos corrientes de pulmonía derivan de la inhalación de polvos de talco, alimentos y otras sustancias que se introducen en la tráquea.
Un niño con pulmonía respira rápidamente, con un ruido ronco y a veces tiene tos y fiebre alta (si el niño es muy pequeño la fiebre es ordinariamente más baja que en otro mayor). Pierde su viveza habitual y en los casos graves, parece muy enfermo. Los preadolescentes se quejan a veces de dolores en el pecho o el abdomen.

Si parece que el niño tiene síntomas de una pulmonía, se avisará al médico, quien tal vez le aconsejará su ingreso en el hospital, porque puede necesitar oxígeno y líquidos intravenosos.
Véase también Catarro; Virus

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